lunes, noviembre 09, 2009

Salón Náutico



Un salón en decadencia o la decadencia de un salón. El salón náutico de este año… vaya mierda.
Me encanta soñar. Soñar despierto o no, pero soñar. Imaginarme el barco de mis sueños.
Aquel que no me puedo comprar. Pero mi objetivo es ponerles todas las pegas posibles, y así me ahorro el comprarlo.
“Sabe lo que me pasa?…le comento al que me enseña el barco-.”es que el camarote de popa es un poco pequeño, y a mi me gusta el espacio…le decía excusándome al vendedor.
Añoro la feria de antes, aunque hubiera mucha gente. Y que los barcos de vela estuvieran en el pabellón 4, y tuviera que andar, y me daba igual que estuvieran en dique seco. Casi mejor para comparar unos con otros.
Este año todo era diferente. Dificultad de acceder. Te peleas con todos enseñando la licencia “pero si siempre con la licencia de vela” les rogaba a los de la entrada.
En fin que es lo que toca. A pagar los doce euritos de la entrada. No es el hecho de pagar por ver el no sabes que, el hecho es que ya no hay barcos, me dicen están todos en Port vell. Que desastre de feria. Después de pagar doce euros me siento estafado. Pero no es por el dinero. Es que este año ya no puedo soñar. No podré descalzarme para entrar en el barco de mi vida.
Cuatro stands fríos de ropa térmica o de sportwear. Es igual. Stands de “chuches” y de juguetes que poco o nada tienen que ver con mis sueños. Poca gente. Ambiente desangelado. Me cruzo con algún navegando deambulando y como yo decepcionado, comentamos las batallas de antaño en donde competíamos por pasar los primeros por la baliza de barlovento. Pero ya no queda nada.
Sábado por la tarde. Poca gente. Poquísima.
De poco sirven los modernos pabellones si no podemos soñar!
No sé si es por el concepto de Feria o la poca afición al mar, pero sin duda algo lo estamos haciendo mal.
Eso sí . Pasillos con pasarelas automáticas, como las del aeropuerto, no sea que uno se canse por dar vueltas para rendirse y marcharse sin encontrar el barco de sus sueños!.

El anillo.cap.III

Hacía un buen día ese 13 de noviembre. No frío ni calor. Quería solucionar el tema del anillo de una vez por todas. Así que me dirigí a la joyería Ramos en el Paseo de Gracia, porque tenía entendido de que además de comercializar muchas marcas de relojes innovaban en el campo de la joyería por lo cual un anillo como el mío de un misterioso material parecido al oro les podía interesar. Además ya empezaba ha estar harto de que en mi casa ya no funcionará ningún reloj.


A pesar de ser las nueve, para mi primera hora de la mañana, la tienda estaba llena. Me atendió una guapa dependienta. Debería tener unos 35 años y sus facciones orientales le daban un atractivo especial. Me hizo sentar amablemente. Ella se sentó en frente. Nos separaba un moderno escritorio de madera, que me pareció uno de esos costosos diseños de Treserras. Le mostré el anillo y le pregunté que podía hacer con ese anillo. Lo observó detenidamente. Tanto que parecía estar absorta en la contemplación de ese anillo. Como cuando un enólogo cata un buen vino.

Pasó un tiempo, que debieron ser unos cinco minutos cuando llamó por teléfono a una extensión y al poco tiempo aparecía otro empleado dispuesto a dar una segunda opinión.

“El caballero nos ha traído “esto” para ver que podemos hacer…u oro diseño o alguna pieza original…- dijo la exótica vendedora

- ummm….muy curioso…..un momento que lo quiero enseñar al jefe…. comentó el dependiente sin dejar de mira el anillo.

-¿me lo puedo llevar un momento señor? – me preguntó amablemente

- Si no me lo pierde!- le dije en broma aunque ni se inmutó. La chica que me atendió si que se rió. Por la chapa que llevaba en su ajustado polo sabía que se llamaba Sinde. Curioso nombre pensé. De dónde debería ser.

- “Sinde…” comenté ella parecía despertar de su “letargo”

-“ Dígame señor.

- Bueno….saber que está pasando con mi anillo. Veo que se lo miran de una forma especial…

- Es que es un anillo especial señor. Sabíamos de la existencia de este curioso metal y de sus propiedades, pero nunca habíamos visto un anillo así…- Sinde paró de hablar “en seco” Como si se diera cuenta de que había hablado más de la cuenta…

- Ahora le dirán algo Sr…¿le apetece tomar algo?

- Un café sólo por favor!

Sinde se levantó y fue ella misma la que lo preparaba. Un “Nespreso” fuerte. A juzgar por el color negro de la capsula que introducía en una cafetera Krupps de esas tan modernas.

Mientras esperaba me quedé observando el local. Que local tan curioso. Con la música un poco alta, y el ambiente oscuro con la excepción de las vitrinas iluminadas por haces de luz y las luces encendidas de las mesas de diseño.

Había mucho movimiento. Yo conté unos ocho empleados atendiendo. No sé quienes debían ser esos clientes. Supuse que propietarios de tiendas más pequeñas.

De repente se presentó otro señor. Era joven pero parecía ser el jefe.

- Buenos días. Me presento me llamo Florencio Ramos. Me han dicho que quiere deshacerse de una anillo. Es así? preguntó Florencio.

“No lo sé todavía. Dependerá de las ideas que me puedan dar…” dije sin saber que me iban a ofrecer.

-“Su anillo es un ejemplar hecho por una aleación de diferentes metales diferentes, que se parecen al oro, pero que tienen menos valor comercial. Es difícil trabajarlo por su dureza, pero si quiere se lo compramos….le podríamos ofrecer un poco de dinero a cambio….señor…me ha dicho su nombre?

“Sr. Morató…” “no sé si me interesa venderlo -le dije yo haciéndome el interesante.- Aunque bien pensado, podría tener una buena cena, a costa del trabajo que me estaba dando…”

“Bien Sr. Morató …Teniendo en cuenta las circunstancias le podríamos ofrecer unos doscientos euros por el anillo…Piense, Sr. Morató que el trabajo de fundirlo será grande…..

Yo pensaba que si había pasado por las manos de tres joyeros y estaba hablando con el dueño de casi un “imperio” en el sector de la joyería, para que me ofrecieran tan sólo doscientos euros…no sé donde me estaba metiendo pero parecía que era un anillo muy interesante, mucho más que los doscientos euros que me ofrecían. Como no tenía nada que perder estaba dispuesto a jugar un poco.

“!doscientos euros! ¡Vaya miseria para un anillo que no se funde ni a 1.800 º! – le dije medio en broma, pero con el semblante serio. Noté que cambiaba la cara.

-“bueno….puede que tenga razón Sr. Morató. Como me he encaprichado del anillo, porque ciertamente es de una aleación un poco rara…le podría cambiar su anillo por un reloj de oro de Baume & Mercier valorado en 12.300 euros.

Joder con el anillo. Si al final resultará que valdrá una fortuna. Por lo que veo tiene prisa en quedárselo…Lo pondré a prueba hasta donde llega…pensé.

“Desde luego 12.300 euros ya no son los 200 euritos que me ofrecía hace un minuto…pero no estoy seguro …la oferta es interesante pero me lo debería de pensar…” le comenté haciendo ver que no me interesaba demasiado.

“Por favor Sr. Morató…podría esperarme dos minutos” comentó el Sr. Ramos levantándose de la mesa.

-“si,si…pero ya empiezo a tener algo de prisa” le comenté para que no me entretuvieran toda la mañana.

-“disculpeme Sr. Morató, ahora vuelvo…”

Pasaron 5 minutos hasta que volvió el Sr. Ramos…con lo que parecía una sonrisa.

“lo siento. Pero creo que ahora mi oferta es para que se decida sin pensarlo más…” Estamos dispuestos a darle 30.000 euros al contado – decía convencido de que yo diría que sí.

Eso me hacía pensar en que el anillo tenía “algo” especial y que era demasiado importante para que Ramos lo dejara escapar…” estaba convencido que la oferta todavía se podía mejorar.

“No sé….desde luego es muy tentador…pero creo que me lo debería de pensar…ya les diré algo si me interesa”. Le dije yo sin saber si realmente estaba haciendo el tonto….

El señor Ramos se levantó de golpe y llamó al de seguridad.

“Lo siento Sr. Morató….no se que me habla de un anillo, nadie ha visto un anillo como el que usted dice….

“Queeeee! “ Exijo que me devuelva el anillo!” le dije gritando cabreado.

“seguridad! Seguridad! Llévense a este hombre, que parece que halla perdido el juicio”

Me cogíó ese gigante segurata por el cuello de mi camisa y me iba llevando hasta la puerta.

Y no se le ocurra volver…” me dijo el gorila mientras golpeaba mi cuerpo contra la dura acera.

Aluciné. De acuerdo que el anillo no se puede decir que me perteneciera del todo. Pero me sentía estafado. Me habían robado en mi propia cara. Y minutos antes me ofrecían 30.000 €. No sé que estaba pasando pero eso no podía quedar así. Pensaba con el cuerpo dolorido todavía por la caída y con la autoestima por los suelos!!!

miércoles, noviembre 04, 2009

el anillo Cap II



Reconozco que la historia del fricandó fue muy bestia.
El problema es que podía hacer yo con el anillo del dichoso Fernando.
En fin que culpa tengo yo. Y que culpa tiene él. Pensé. Cogí el anillo de la mesita de noche, me lo guardé en el bolsillo y me dirigí a la charcutería Molina.
“Bona nit” dije yo al entrar. Fernando no estaba detrás del mostrador sino que estaba si la bata de trabajo, con la mano izquierda cubierta de un aparatoso vendaje. Estaba gracioso porque recordaba a los boxeadores cuando les ponen esas vendas.
“Hola Fernando. Como estás?”
“pues bien, con dos dedos menos pero bien….jodido”
“ya me imagino. Lo siento. Me contaron lo del accidente”.
Le expliqué a Fernando que el día del accidente pasé por delante de la ambulancia, y entonces luego me explicaron lo que le había pasado. Le comente que me lleve un fricandó con “sorpresa”. Mientras se lo explicaba buscaba en el bolsillo el anillo. No lo encontraba. Joder! Que raro. Juraría que lo puse en el bolsillo. Mientras registraba los bolsillos de la chaqueta me di cuenta de que Fernando no paraba de reír. Le debía hacer gracia que no encontrara el anillo.
-¿De que te ríes? -Le pregunté algo mosqueado
-De que yo no llevaba anillo! Simplemente no tengo!..
-Me cago en la leche.-pensé- Ahora si que no entiendo nada!.
Me disculpé, por suerte no le comenté que note como masticaba lo que me pareció un hueso, simplemente le dije que me había encontrado un anillo en el fricando.
Estaba lleno de dudas. Por un lado, de quién coño era es anillo que había encontrado en el fricandó?. Y hablando del anillo, ¿Dónde estará el puto anillo?
Cuando llegue a casa no dije nada. Me limite a buscar el anillo hasta que al fin lo encontré. Se había colado por un pequeño orificio del bolsillo y estaba dentro del forro de la americana. Me quedé un rato mirándolo y preguntándome “ Y tú…a quien perteneces”.
Como no soy mucho de anillos decidí llevarlo a una joyería a la mañana siguiente.
Lo llevé a una pequeña joyería de la calle Guillermo Tell, detrás de casa.
Le enseñé al joyero el anillo, que se lo miró minuciosamente. Le pedí que lo fundiera para poder hacer unos pendientes de diseño.
Josep, que es como se llama el joyero. Se lo miraba detenidamente con una lupa de esas que las fijan al ojo.
“ummmh…que color tan raro” me dijo mientras se lo miraba con detenimiento
“¿no es éste color el que llaman oro rosa?” le preguntaba a Josep
“Se parece, pero no exactamente” me dijo sin dejar de mirarlo.
“En fin…que lo fundo y por el peso que tiene el anillo puedo hacerte una cadena como esta…” mostrándome una fina pulsera.
Le dí mi teléfono y quedamos que cundo lo tuviera me avisarían. Me dijo que la broma me costaría costar unos 30 euros.
Ok – le dije ofreciéndole la mano. –Ya me llamará cuando lo tenga.
- Por cierto, ¿se ha dado cuenta de que su reloj se le ha parado?. – me comentó el joyero. Joder que vista que tenía. Yo no me había dado ni cuenta. Agité bruscamente mi muñeca pero no conseguía que funcionara. Ya lo llevaré a arreglar. Maldije mi mala suerte, porque también el despertador de casa se había estropeado.
Volví a mi despacho de arquitectura, porque debía presentar un proyecto esa misma mañana y como no me pusiera las pilas no lo acabaría a tiempo.
Pasaron sólo tres horas desde que lleve el anillo a la joyería, cuando me sonó el móvil. Número desconocido.
“¿Sr. Morató?” me preguntó
Por el tono de voz parecía Josep. Instantes después lo confirmaba.
“lo siento, pero no puedo hacerle la cadena” – me decía lamentándose Josep
“porqué?” le pregunté
“ No lo sé exactamente….desconozco de que material está hecho, pero desde luego no es oro. Si la temperatura de fusión del oro es de 1.500º , yo le he aplicado 1.800º y nada de nada. Piensa que es la máxima temperatura que llega mi horno, y tu anillo ni se ha inmutado. Lo más extraño es que cuando lo he sacado del horno ni siquiera estaba caliente…nunca he visto nada igual y desde luego me supera…lo siento- decía mientras el joyero- “Aquí lo tengo. Venga cuando quiera a recogerlo “
Por la tarde, al salir del despacho lo recogí y cuando llegue a casa me lo miré con extrañeza. Estaban pasando cosas muy raras últimamente…
Y ahora…¿ que hago contigo? Pensaba mientras lo observaba detenidamente. Miré la hora en el reloj de la cocina y me di cuenta que se había parado. Lo mismo con el reloj del horno y del microondas…

Me preparé un Gin tónic. Y me tumbé en el sofá. Necesitaba pensar.