viernes, mayo 01, 2009

El Fandi

El Fandi recoge las banderillas y se dispone a clavárselas a Bulgaro, el bravo toro, negro como el carbón, de 555 kilos de peso, que se lo mira con ojos de venganza mientras el Fandi se dirige sin perderle la mirada hacia el centro del coso del arenal de la Maestranza de Sevilla. La acción se desarrolla en pocos segundos. “Eh!...!TORO!..” Levantando los brazos mientras se aguanta en las puntas de las sandalias contrayendo los glúteos. “!Toro!- grita El Fandi. La tensión es máxima. El toro se prepara para la embestida y los dos inician la carrera hacia el lance.. El Fandi, con un rápido movimiento y haciendo gala de unos excelentes reflejos salta en el momento preciso y le clava las banderillas en el lomo de bravo animal. El animal brama de dolor y se gira otra vez hacia el Fandi que valientemente se planta a escasos dos metros de sus temibles cuernos. Y se miran. Pasan unos cinco segundos interminables volviéndose a mirar a los ojos, con respeto pero sin miedo. Uno frente al otro, y esta vez el Fendi desarmado. Le estira el brazo, y en ese momento le hace el “desplante”, le da la espalda ante el apasionando “óle” del público emocionado, agradeciendo su coraje con una fuerte ovación. El toro se lo mira mientras Fandi va a por la capota.
No me apasionan los toros, pero debo reconocer que el espectáculo es impresionante. La gente lo vive con intensidad y a pesar de que el toro va a morir irremediablemente lo va hará con orgullo y casta, en manos de un bravo torero.
Se marcan las líneas rojas de los tercios, con una regadora extendiendo el liquido rojo que en un primer momento pienso que es pintura. Que ingenuo. ¿Como ve a ser pintura? Y es que nunca me acabaré acostumbrando.
Aunque el haber sido invitado a la Maestranza en ese sitio tan privilegiado, desde la barrera, donde se oye hasta la respiración del torero y el jadeo del animal ha sido una experiencia inolvidable, al margen de mi opinión en contra el sufrimiento del animal, aunque sea con nobleza.

miércoles, abril 29, 2009

La música clásica

¿Porque no gusta la música clásica a mis hijas, ni a mi mujer, ni a mis amigos, ni a la gente joven?. Será porque no la conocen. Es como la tónica. Hay que insistir.
Es cierto que hay música clásica y música clásica, y que hay momentos para escucharla. Pero tiene algo curioso. Contra más la escucho más me gusta. Puede ser porque si fuera una música empalagosa, me cansaría. Nadie les ha explicado nada sobre la música. Bah! Para qué! Demasiado complicado. A mi si.
Agradeceré siempre al profesor Silvestre. Un profesor de música que todos tomaban por loco, y que consiguió convencer a los curas de Escuela Pías de Sarria de adaptar un aula para sentir, y no escuchar, la música clásica.
Puso moqueta grandes almohadones y un buen equipo de música.
Conseguía un ambiente relajado. Nos estirábamos en el suelo. Apagaba la luz. (joder que pervertidos sois, a que estabais pensando en Silvestre como pederasta!!!)
Te explicaba que es lo que decía Tchaicosky con los instrumentos cuando describía una batalla. El previo, la batalla en sí y el final. Impresionante. O como cuando describía con todo detalle como la música de Vivaldi explicaba a la perfección como cambiaba el bosque en cada estación. Las gotas del rocío, o como se abrían los pétalos de las flores en primavera. Puede que a muchos no les llegara, pero a mi si. Gracias Silvestre, estés donde estés.
A veces hay cosas que siempre has querido hacer y nunca has tenido el tiempo suficiente para hacerlas (excusa barata, claro). Y una asignatura pendiente para mi es saber tocar algún instrumento. Siempre he pensado que porque es más fácil “bajarte” cualquier canción que interpretarla tu. Y así pasaban los años hasta el año pasado. Que dí un giro en mi vida y me planté. Pues ahora voy a aprender. Y ahí estoy, luchando un día a la semana por entenderme con ese trozo de madera de formas sinuosas. Algún día seré capaz de tocar algo bonito. Y ese día, me sentiré orgulloso de mí. Entonces me compraré la Harley. Me la habré ganado. Puede que por entonces esté en silla de ruedas y no la pueda conducir, pero la contemplaré. De momento a seguir.
Porque la música nos trae recuerdos. Una primera novia, y una segunda, tercera y cuarta…(menos lobos!)…o una situación determinada. Un momento, o incluso nos cambia el humor o nos entristece. Nos hace sentir y por ende vivir.
En mi ipod (es la mínima expresión) conviven un popurri de canciones ciertamente curioso. Saltan canciones de Robbie Williams, que se combinan con las de los chicos del coro. El fantástico concierto en directo de San Francisco con los tres mejores guitarristas del mundo (Paco de Lucia, Al Di Meola, Mc Lujan). Algún clásico como Breakfast in America de Supertram (uno de los pocos conciertos que he ido en mi vida) o Tears in Heaven . Y por supuesto Mozart con su Réquiem y Vivaldi con sus cuatro estaciones. Ah! Me olvido a las canciones de Melendi…con todo ese “cóctel” musical lo vais combinando de una manera desordenada, con el volumen suficientemente alto para no oír nada más, con los olores del bosque de Collserola después de la lluvia, con los rayos de luz que se cuelan entre los árboles, con el corazón subiendo de pulsaciones a medida que vas acelerando el pedaleo y pasa lo que pasa…
que uno hasta se imagina monos africanos de cola verde!!!.

domingo, abril 26, 2009

El ermitaño cornudo

Estoy en Montserrat. Es una parte de las obligaciones familiares de mi familia política. Yo creo que a ninguno de los que vamos nos apetece, pero compensa la tremenda ilusión que le hace a mi suegro. Es un día al año. Y no le quedan muchos. Subimos por la noche, cuando no hay prácticamente gente. Dormimos, o mejor dicho mal dormimos en la habitación de hotel, y bajaremos al día siguiente, después de vernos con el padre abat.
Que por cierto, el otro día lo ví en un programa de televisión como sorteaba las preguntas de la incisiva periodista, que intentaba que se pronunciara a favor o en contra de las polémicas declaraciones del papa sobre la “inutilidad” de los preservativos.
Particularmente la iglesia en general me ha ayudado a no creer. No en dios sino en ella.
Históricamente la iglesia jugaba un papel de “ong universal” que servía para todo. Desde acoger a los enfermos hasta defender a los más marginados. Y eso lo están perdiendo. Bueno, por lo menos en lo que a mi se refiere. Eso no quita de la admiración por los “curas” que están dedicando su vida a los demás. Y más que evangelizar les están ayudando a sobrevivir. Y eso es loable.
Pero Montserrat es algo más que el monasterio, que un fantástico museo, que ingentes multitudes de todos los colores (los distinguimos por la “pasta”.Los que tienen son turistas y todos los demás son inmigrantes. Es una montaña ciertamente extraña, con unas paredes con sinuosas formas femeninas objeto del deseo de unos escaladores, que nunca entenderé como les gusta quedarse colgados en medio del abismo. Igual es eso lo que les gusta. Son como los “caracoles” (Avanzan muy lentamente enganchados a la pared…).
También Montserrat es bullicio. Es todo un entramado comercial para sacar dinero sea como sea. (Que si tiendas de souvenirs, que si restauración, que si el museo, etc…Ah! Y pretendes “escaparte” sin hacer gasto no te librarás que todavía te queda el parking. En esa rara montaña vive una gente especial. Y no me refiero a los monjes, o a los turistas, ni a los que alquilan celdas (supongo que para purgar todos los remordimientos que tienen)…sino a dos personas diferentes. Me refiero a los ermitaños. Son personas que viven en contacto con la naturaleza al margen de todo lo demás. Solicitaron en su día permiso para vivir en la montaña, y desde hace unos años ahí están. Separados uno del otro. Sin verse pero conscientes ambos que tienen un vecino. Hay uno que vive en una cueva. El otro vive en una ermita, y de alguna manera la cuida. De vez en cuando algún monje le lleva alguna provisión. El de la ermita era un profesor de música. Y a veces se oye, según sopla el viento los acordes de su saxofón.
El otro es mucho más “Friki”. No se sabe de que vive. Era un obrero de la SEAT, y un día cuando volvió a casa, antes de la hora habitual, porque se encontraba enfermo se encontró a su mujer en la cama con su primo. Los engancho “in fraganti” retozando en la cama, y retrocedió sin ser visto. Decidió vivir solo y al margen de todo y de todos. Decidió que su venganza sería no decir nada a su mujer ni a nadie, y que lo dieran por desaparecido, y que se infiel mujer se angustiara al no saber nada de él. Tanto es así que ya han pasado cuatro años de la desaparición de Julián, que así se llama, y nadie ha sabido desde entonces nada más de de él.
Desde luego la venganza de Julián es de las peores que pueden existir, porque poniéndose uno en lugar de la mujer de Julián, no lo ha debido pasar bien, porque siempre luchara con sus remordimientos y la sensación de culpabilidad. Y pasados cuatro años el castigo se me antoja excesivo.