A veces resulta que a mi mujer, y con toda la razón, le da cierta pereza cocinar. Es entonces cuando decidimos o comer fuera o comprar comida ya preparada.
Y esto es lo que nos pasó ayer. Los lunes y miércoles acompaño a mi hija en moto a las 8h de la tarde a los ensayos de ballet, para luego recogerla a las 9 : 20. Es en este intervalo de tiempo en el que me dedico a comprar la comida ya preparada. Y escogí, como habitualmente, comprar algo en la Charcutería Molina, porque nos gusta el tipo de comida que preparan.
De camino a la escuela de baile, me fijé que había una ambulancia en el kiosko de Via Augusta, justo al lado de la charcutería. Pero no le dí mas importancia. Deje a Elisabet y me dirigí a la charcutería para comprar la cena. Elegí de primero una ensalada de arroz y de segundo un fricando. Todo calculado para cuatro personas porque a pesar de que con Tati , la americana que vive en casa, somos cinco, siempre sobra comida.
El hecho es que el que habitualmente me atiende, el fiel Fernando, que me extraño no verlo detrás del mostrador y al preguntar por él me explican lo que le acababa de pasar al bueno de Fernando, ni más ni menos que deshuesando una pata de jamón se había cortado tres dedos. Enseguida se dieron cuenta de la importancia del accidente y llamaron a urgencias.
Ahora me explico lo de la ambulancia. El bueno de Fernando se ha cortado la mano. En fin parece que dentro de la gravedad está todo controlado me dicen.
No le doy más importancia. Recojo a mi hija de ballet, y por fin a cenar. El encargo de la cena. Macarrones y fricandó.Los macarrones gratinados, en su línea. Creo que no son los mejores que he tomado pero dadas las circunstancias están la mar de ricos. El fricandó, que no siempre lo tienen, lo bordan. Con su salsita que creo yo que deben de poner un poco de vino.
La cena un éxito. Las niñas encantadas si no fuera por lo poco que comen. Yo repito fricandó, cuando masticando me encuentro con un trozo de carne excesivamente duro. Me lo trago y luego lo ayudo con un gran sorbo de agua. Y pienso “que raro, porque siempre la carne se deshace” un día tonto lo tienen cualquiera pienso imaginándome al cocinero. Bueno una gran cena. Pero lo mejor la salsa. Aunque ya estoy “saciado” siempre me ocurre que la gula de último momento hace que coja un trozo de pan para rebañar la salsa. Y lo hago. Si es que así nunca adelgazaré. Cuando me doy cuenta que en la salsa hay algo que brilla. Lo separo con el tenedor y me sorprendo al constatar que es un anillo. “Debe ser el mío…” pienso confiado antes de mirar a mi dedo y darme cuenta de que yo lo llevaba. Joder!. Que para no montar un numerito me levanto de la mesa para recoger los platos. Llego al fregadero lo cojo con los dedos y le paso agua. Me pongo mis gafas de leer y leo la inscripción del anillo que pone Fernando – Silvia 28 / 05 /74.
Que mal rollo y eso que la salsa estaba para chuparse los dedos. Aunque fueran los de Fernando!!!
martes, noviembre 03, 2009
lunes, noviembre 02, 2009
El fondo y las formas
La polémica del caso Pretoria reside ahora en el hecho de si “se ha pasado” en el procedimiento, el juez Garzón al detener a los todavía presuntos, pero que nadie duda que dejarán de serlos, inculpados.
La verdad es que sin saber nada de leyes el ver a personas mayores esposados al lado los policías recogiendo sus pertenencias es una imagen dura. Y creo que hasta cruel. Porque lo que está claro es que podían haber hecho lo mismo sin ser necesario llegar a eso. Al margen de que sean o no culpables, son personas, y si proceden ya pagarán, pero no creo que sea necesario que tengan que pasar por eso. Y me pongo en la piel de sus hijos o hasta de sus nietos mirando los informativos. Papa… ¿qué hace el abuelo esposado sacando una bolsa de basura de un camión?. Es como si la justicia tuviera de demostrar lo “implacables” que son ejerciendo su oficio. Pero demuestran poco sentido común. Pero sobretodo poca humanidad. Porque no creo ni que el Sr. Prenafeta ni Macia Alavedra sean capaces de dar un salto haciendo un mortal hacia atrás con tirabuzón, y exhibiendo dotes de artes marciales, para reducir a la dotación policial que les custodia. Primero eso, y segundo que pueden ser culpables. Seguramente lo son, pero no han matado a nadie. Que yo sepa todavía. Porque si se ponen al mismo nivel a estafadores con asesinos, poca justicia se demuestra. Da la impresión que se haya cuestionado a la justicia porque fueron muy blandos con Millet, e indignó a la población, sobre todo cuando se le vio cenar tranquilamente con su familia en un restaurante. "Nos preocupeis, ciudadanos que ahora demostraremos que a los culpables ni agua." debió pensar "la justicia"
Tengo al Sr. Garzón como un juez valiente, implacable, osado y a veces con la sensación de que se excede de sus atribuciones. Como puede pretender juzgar a los militares Argentinos por los asesinatos cometidos ahí? …sería cojonudo, pero totalmente irreal. Entonces a un juez como Garzón, que tan inteligente se le supone..cómo es posible que no haya tenido un poco de “sensibilidad”…O es que igual de tanto estudiar esa parte se les ha atrofiado. O es que igual no les interesa mediaticamente. “Aligual” como dice mi hija. No que la justicia deba estar reñida con el sentido común.
La verdad es que sin saber nada de leyes el ver a personas mayores esposados al lado los policías recogiendo sus pertenencias es una imagen dura. Y creo que hasta cruel. Porque lo que está claro es que podían haber hecho lo mismo sin ser necesario llegar a eso. Al margen de que sean o no culpables, son personas, y si proceden ya pagarán, pero no creo que sea necesario que tengan que pasar por eso. Y me pongo en la piel de sus hijos o hasta de sus nietos mirando los informativos. Papa… ¿qué hace el abuelo esposado sacando una bolsa de basura de un camión?. Es como si la justicia tuviera de demostrar lo “implacables” que son ejerciendo su oficio. Pero demuestran poco sentido común. Pero sobretodo poca humanidad. Porque no creo ni que el Sr. Prenafeta ni Macia Alavedra sean capaces de dar un salto haciendo un mortal hacia atrás con tirabuzón, y exhibiendo dotes de artes marciales, para reducir a la dotación policial que les custodia. Primero eso, y segundo que pueden ser culpables. Seguramente lo son, pero no han matado a nadie. Que yo sepa todavía. Porque si se ponen al mismo nivel a estafadores con asesinos, poca justicia se demuestra. Da la impresión que se haya cuestionado a la justicia porque fueron muy blandos con Millet, e indignó a la población, sobre todo cuando se le vio cenar tranquilamente con su familia en un restaurante. "Nos preocupeis, ciudadanos que ahora demostraremos que a los culpables ni agua." debió pensar "la justicia"
Tengo al Sr. Garzón como un juez valiente, implacable, osado y a veces con la sensación de que se excede de sus atribuciones. Como puede pretender juzgar a los militares Argentinos por los asesinatos cometidos ahí? …sería cojonudo, pero totalmente irreal. Entonces a un juez como Garzón, que tan inteligente se le supone..cómo es posible que no haya tenido un poco de “sensibilidad”…O es que igual de tanto estudiar esa parte se les ha atrofiado. O es que igual no les interesa mediaticamente. “Aligual” como dice mi hija. No que la justicia deba estar reñida con el sentido común.
viernes, octubre 30, 2009
contrastes
Ayer tenía de pasar por el Port Olimpic a las ocho de la tarde.
Contraste entre el día o la noche. No había nadie. Alguna persona que caminaba. Parecía un fantasma. No hacía excesivo frío aunque se notaba la humedad.
Pensaba en mi amigo Albert que tantos años ha estado viviendo en su barco. Pasando temporadas de invierno en ese clima hostil. Ahora entiendo la compañía que le hacía el bueno de Duck, ese imponente Golden Retriever que le acompañaba a todos lados.
Siempre he contemplado con envidia a la gente que vive en los barcos. Más que por el hecho de que sea un barco, por la situación de valentía para tomar una decisión tan drástica.
Pero algo está cambiando en mi, porque ayer ya no lo veía tan idílico. Y que conste que mi pasión por el mar no ha remitido, sino todo lo contrario, pero reconozco que la comodidad que te ofrece un piso es muy difícil encontrarlo en un barco. Y más, en un barco acorde con mis posibilidades económicas. O sea más bien pequeño.
Es curioso el silencio que hay a esa hora, cuando para el viento. Supongo que por la noche se vuelve a oír el ruido del ambiente de los coches que aparcan para cenar su pescadito o su marisco. Celebrando alguna onomástica. No me dan mucha envidia.
Cuando me escapo para ir al barco y llego a la zona de los barcos. Algo se transforma en mi interior. Me siento bien. Ayer era un poco distinto. No experimentaba satisfacción al llegar al puerto. Estaba oscuro.
Como decía mi amigo Albert de Montserrat, el puerto era su casa y si podía no iba a la ciudad que para el era la selva. Lo llamaré un día de estos. Para que me explique sus sueños y pasar un buen rato. Recuerdo la fiesta que montó a cuento de sus cuarenta primaveras. Allí mismo. Detrás del espigón en una explanada que nadie conoce excepto los lugareños. Detrás de la luz verde del faro. Un sitio de tantos contrastes. Tan cerca de la ciudad pero a la vez tan lejos. Con gente muy variopinta pero a la vez tan entrañable.
En fin sólo he estado media hora. He hablado con el chico de mantenimiento sobre el estado de mi motor. Bueno el mío no, que también falla, sino el de mi barco. Y me he vuelto a la selva. En pocos segundos te alejas del puerto y cambias de chip. Así es la vida.
Ahora mientras escribo y pienso en la visita al puerto de esta tarde. Me produce una sensación extraña, diferente a la habitual. ¿Me estaré haciendo viejo?, no eso no se puede preguntar sino afirmar ¡me estoy haciendo viejo!.
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